Nuestras manos no solo son la ventana a la mente sino el punto de partida para conocer lo que nos rodea. Están en un contacto constante no solo con el mundo sino con las personas. Por ende, cada vez que tocamos algo o alguien, «sentimos». Si bien es una acción simple, olvidamos el poder comunicativo que estas tienen al momento de conectar con su entorno. Por eso me encuentro en una búsqueda para representar esas instancias ya sea con pequeños gestos, movimientos, escalas e incluso diálogos que expresan una emoción distinta a través de estos simples cambios.

La mano como un punto de partida, la mano como lenguaje.